Líneas de vida
Líneas de vida
Katerina, una joven de Moldavia con la fuerza de quien ha tenido que crecer demasiado rápido, cruzó miles de kilómetros hasta Moscú con una sola misión: obtener la custodia de su hermanita pequeña, una niña que se quedó sola en el mundo después de que sus padres murieran. Pero las leyes de los papeles y los sellos no entienden de urgencias ni de abrazos necesarios, y para lograr la ciudadanía que le permitiría quedarse con la pequeña, Katerina necesitaba algo que no tenía: tiempo, dinero, o un apellido ruso. Fue entonces cuando alguien le susurró una solución que sonaba a pecado: un matrimonio de conveniencia, un contrato firmado ante un juez, dos extraños unidos por un papel para engañar al sistema. Katerina no quería mentir, no quería fingir, pero cada noche imaginaba a su hermana durmiendo en un orfanato sin ella, y el miedo a fallarle fue más fuerte que cualquier escrúpulo. Así, con el corazón partido entre la honestidad de su tierra y la necesidad de su nueva vida, aceptó casarse con un desconocido, un hombre al que apenas conocía y del que solo necesitaba su nombre. Pero lo que Katerina no sabía es que a veces las mentiras tienen vida propia, y que aquel extraño de ojos tristes podía convertirse en algo más que un apellido prestado.